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El controvertido navegante era un
espía y conspirador, un agente secreto al servicio del
rey de Portugal. Colón no buscó financiación en la Corte
de los Reyes Católicos porque le hubieran dado calabazas
en el país vecino, sino que esta circunstancia obedeció
a una hábil y siniestra maniobra: vender a los
castellanos un nueva ruta hacia las Indias para dejar
libre a los portugueses la vía verdadera sin que hubiera
intromisión por parte castellana. Rosa, que lleva casi
veinte años investigando a fondo la figura de Colón, y
que afirma tener respaldado con documentación histórico
todo cuando ha escrito. Sostiene la imposibilidad de que
un tejedor de lana llegue a casarse con Felipa Muñiz,
una comendadora de la Orden de Santiago cuyo matrimonio
debía aprobar el mismísimo monarca luso. El historiador
apunta que éste estaría al corriente del linaje noble de
Colón. Aunque parezca mentira, no son las únicas
revelaciones sorprendentes del libro. Otra de las
novedades de la enésima publicación sobre el universal
navegante hace referencia a la nao Santa María. Rosa
defiende que la embarcación no encalló en las costas de
la actual República Dominicana, sino que fue el propio
Colón quien la inutilizó, perforándola con un cañonazo
de lombarda, para que sirviera de fortín a los
tripulantes enviados por la Corte Castellana, a los que
allí dejó para que no pudiesen desmontar ante los
monarcas mentiras como que había estado efectivamente en
La India (y era evidente que el lugar al que había
llegado no eran ésta) o que había dejado una ciudad
conquistada. Como el viaje formaba parte de esa
conspiración, Cristóbal Colón dio a su regreso a
Castilla medidas erróneas sobre aquellas nuevas tierras
de forma deliberada y no por ignorancia, sino para
persistir en el engaño y la confusión de quienes le
pagaban. -R. PÉREZ BARREDO (Diario de Burgos)
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